Alavaturismo - Date un Respiro en Álava - arabaturismo
Ven a viajar (video)
Publicador de contenidos

Patrimonio e Historia
Construcciones que ocultan secretos entre sus piedras
Ver patrimonio e historia

BAN ancho completo Alavabus
Agenda
Agenda de eventos
Publicador de contenidos
Publicador de contenidos

Álava guarda rincones que sorprenden precisamente porque no siempre aparecen en la primera lista de planes. Uno de ellos es Paisajes Mineros, una propuesta perfecta para quienes buscan una escapada diferente, en contacto con la naturaleza y con una historia propia.
En plena Montaña Alavesa, este entorno permite descubrir otra cara del territorio: la de los antiguos caminos, los pueblos con memoria, los paisajes verdes, las rutas tranquilas y el patrimonio industrial que todavía ayuda a entender cómo fue la vida en esta zona.
Si vienes un fin de semana a Álava y no sabes qué hacer, esta escapada reúne todos los ingredientes: una mina visitable, un parque natural, una vía verde, un pueblo medieval y una cascada escondida entre bosques.
Mina Lucía: entrar en la historia minera de Álava
Uno de los puntos más especiales de esta ruta en Mina Lucía, en el entorno de Ataurí, un lugar que permite acercarse al pasado minero de la Montaña Alavesa.
Visitarla es adentrarse en una parte menos conocida del patrimonio alavés. Sus galerías, su historia y el paisaje que la rodea ayudan a imaginar cómo fue la actividad minera en la zona y cómo este legado forma parte de la identidad del territorio.
Es una parada perfecta para quienes buscan algo más que una ruta de naturaleza: una experiencia que conecta paisaje, memoria y patrimonio industrial.
Parque Natural de Izki: naturaleza en estado puro
Muy cerca, el Parque Natural de Izki ofrece uno de los grandes paisajes verdes de Álava. Bosques, senderos, pequeños pueblos y caminos tranquilos convierten este espacio en una opción ideal para caminar sin prisa y disfrutar del entorno.
Izki es perfecto para quienes buscan desconectar, respirar aire limpio y recorrer una naturaleza que cambia con cada estación. En septiembre, además, el paisaje empieza a anunciar el otoño, con temperaturas más suaves y una luz espacial para pasear.

Septiembre es uno de los meses más especiales para descubrir Rioja Alavesa. El paisaje cambia de ritmo, los viñedos se conviertes en protagonistas y los pueblos viven uno de los momentos más importantes del año: la vendimia.
Es una época perfecta para recorrer la comarca con calma, disfrutar de sus bodegas, pasear entre calles medievales, probar la gastronomía y entender por qué el vino forma parte de la identidad de este territorio.
La vendimia: el momento más esperado del año
En Rioja Alavesa, septiembre huele a uva, a tierra y a bodega.
La vendimia marca el inicio de una nueva cosecha y transforma el paisaje en una escena llena de movimiento. Los viñedos, que durante el verano han ido madurando bajo el sol, se preparan para uno de los trabajos más importante del calendario vitivinícola.
Visitar Rioja Alavesa en esta época permite ver el territorio en plena actividad. Las cuadrillas trabajas en los viñedos, las bodegas comienzan a recibir la uva y los pueblos viven un ambiente especial, muy ligado a la tradición y el esfuerzo de quienes cuidan la tierra durante todo el año.
No se trata solo de probar vino. Se trata de entender de dónde viene, cómo se elabora y qué historia hay detrás de cada copa.
Pueblos que saben a vino, historia y paisaje
Uno de los grandes atractivos de Rioja Alavesa es que cada pueblo tiene su propio carácter. Todos comparten el vínculo con el vino, peor cada uno lo vive de una forma distinta.
Laguardia es uno de los imprescindibles. Su casco amurallado, sus calles empedradas y sus vistas sobre el mar de viñedos la convierten en una parada perfecta para empezar la escapada. Bajo sus calles se esconde, además, una red de bodegas subterráneas que recuerda la larga relación del pueblo con el vino.
Elciego combina tradición vitivinícola y arquitectura contemporánea. Allí se encuentra la bodega de Marqués de Riscal, uno de los iconos más reconocibles de Rioja Alavesa, donde vino, diseño y paisajes se encuentran entre viñedos.
Labraza, reconocida por su patrimonio amurallado, conserva la esencia de las pequeñas villas medievales. Es un lugar perfecto para pasear sin prisa y descubrir una Rioja Alavesa más tranquila, donde la historia se percibe en cada rincón.
Samaniego invita a disfrutar del paisaje, de las bodegas familiares y de una forma de entender el vino muy ligada al territorio. Es uno de esos pueblos que se recorren despacio, mirando a los viñedos y a la Sierra de Cantabria.
Kripan, rodeado de naturaleza y paisaje vitivinícola, también forma parte de esa Rioja Alavesa que merece ser descubierta más allá de las rutas habituales. En septiembre, además, el ambiente de vendimia hace que la visita tenga todavía más sentido.
Enoturismo más allá de la cata
Rioja Alavesa es uno de los grandes destinos de enoturismo de Álava, pero disfrutar del vino aquí va mucho más allá de sentarse a catar.
Una visita a una bodega permite conocer el proceso desde dentro: los viñedos, la vendimia, la llegada de la uva, las salas de elaboración, las barricas y el tiempo necesario para que cada vino encuentre su momento.
También se puede disfrutar del territorio a través de rutas entre viñedos, miradores, visitas guiadas, experiencias gastronómicas, paseos por pueblos medievales o comidas en las que el producto local acompaña al vino de forma natural.
Porque en Rioja Alavesa el vino no es una actividad aislada. Está en el paisaje, en la arquitectura, en las conversaciones, en la mesa y en la forma de vivir el territorio.
Un paisaje para recorrer sin prisa
Septiembre tiene una luz especial en Rioja Alavesa. Los viñedos empiezan a cambiar de tono, las temperaturas invitan a caminar y las carreteras entre pueblos se convierten en parte de la experiencia.
La Sierra de Cantabria acompaña el recorrido como telón de fondo, mientras los campos de viñas dibujan un paisaje ordenado, cambiante y profundamente ligado a la cultura del vino.
Es un mes ideal para hacer una escapada de fin de semana, combinar patrimonio y naturaleza, visitas bodegas, perderse por pueblos y dejar espacio para lo importante: mirar, probar, conservar y disfrutar sin prisa.
Gastronomía, producto local y tradición
La vendimia también se vive en la mesa.
Rioja Alavesa es un destino perfecto para disfrutar de la gastronomía local, de los productos de temporada y de propuestas que conectan el vino con la cocina del territorio. Un buen plan puede empezar con un paseo por un pueblo medieval, continuar con una visita a una bodega y terminar con una comida tranquila acompañada con vino de la comarca.
En septiembre, todo parece girar en torno a la cosecha. Y eso se nota en el ambiente, en las celebraciones, en los restaurantes, en las bodegas y en la forma en la que el visitante se acerca al territorio.
Septiembre, el momento perfecto para descubrir Rioja Alavesa
Rioja Alavesa se puede visitar en cualquier época del año, pero septiembre tiene algo especial.
En el mes de la vendimia, de los paisajes vivos, de los pueblos con ambiente y de las bodegas en plena actividad. Un momento perfecto para descubrir el vino desde su origen y para entender que este territorio es mucho más que una copa.
Es historia, paisaje, tradición, gastronomía y una forma de vivir el tiempo con calma.
Si buscas una escapada de septiembre en Álava, Rioja Alavesa siempre es una buena idea. Y en vendimia, todavía más.

Hay lugares que invitan a detenerse. En Álava, muchos de ellos están en alto: miradores naturales, cimas suaves, santuarios, balcones sobre valles y puntos panorámicos desde los que el territorio se entiende de otra manera.
Subir a un mirador no es solo buscar una buena foto. Es mirar con calma, reconocer la forma de los montes, seguir el trazado de los ríos, descubrir pueblos a lo lejos y sentir cómo cambia el paisaje de una comarca a otra.
Estos son algunos miradores de Álava para disfrutar sin prisa.
Salto del Nervión: una vista que impresiona
El Salto del Nervión es uno de los paisajes más espectaculares del norte peninsular. Desde su mirador, el agua cae por un gran cortado rocoso y el paisaje se abre hacia el valle con una fuerza difícil de olvidar.
Es especialmente recomendable en época de lluvias o deshielo, cuando el salto muestra toda su potencia. Aun así, el entorno merece la visita en cualquier momento del año por la amplitud de sus vistas y la belleza del paisaje.
Mirador de Gujuli/Goiuri: agua y paisaje en Gorbeialdea
En Gorbeialdea, la cascada de Gujuli/Goiuri ofrece otro de esos miradores que sorprenden. El acceso es sencillo y la panorámica permite contemplar la caída del agua y el entorno natural que la rodea.
Es un plan perfecto para quienes buscan una escapada breve, accesible y con recompensa visual. Un lugar para respirar, mirar y dejar que el paisaje marque el ritmo.
Olarizu: Vitoria-Gasteiz desde otra perspectiva
Sin salir de Vitoria-Gasteiz, Olarizu es uno de los mejores lugares para observar la ciudad y su entorno. Desde sus laderas se abre una panorámica sobre la capital alavesa, la Llanada y los montes que la rodean.
Es un mirador cercano, fácil de integrar en un paseo y perfecto para disfrutar al atardecer. Una forma sencilla de recordar que Vitoria-Gasteiz es una ciudad profundamente conectada con la naturaleza.
Sierra de Cantabria: viñedos bajo la montaña
La Sierra de Cantabria ofrece algunas de las vistas más características de Rioja Alavesa. Desde sus rutas y zonas elevadas, el paisaje se despliega entre viñedos, pueblos medievales y bodegas.
El Balcón de la Rioja, en el ascenso al puerto de Herrera desde Leza, y el entorno de San Tirso para quienes deseen combinar senderismo con vistas son dos buenas opciones. La subida de esta ruta exige esfuerzo, pero la recompensa es una panorámica amplia sobre Rioja Alavesa y sus paisajes de viña.
Santuario de Oro: un balcón sobre Gorbeialdea
El Santuario de Oro es uno de esos lugares donde patrimonio y paisaje se encuentran. Situado en un entorno elevado, ofrece vistas sobre el valle y los montes de Gorbeialdea.
Es un lugar tranquilo, perfecto para una visita pausada. Aquí, el paisaje se disfruta con silencio, con aire de montaña y con la sensación de estar en un balcón natural sobre Álava.
Ermita de San Vítor de Gauna: la Llanada desde las alturas
En la Llanada Alavesa, la ermita de San Vítor de Gauna permite contemplar una amplia panorámica del territorio. Su entorno, sobrio y sereno, combina campos, colinas y una sensación de calma rural.
Es una parada especial para quienes buscan lugares menos evidentes, donde la vista se une a la historia y al silencio del paisaje.
Consejos para disfrutar de los miradores
Antes de visitar un mirador, conviene revisar la previsión meteorológica, llevar calzado adecuado y evitar acercarse a bordes o zonas no señalizadas. También es importante respetar el entorno, no dejar residuos y disfrutar del paisaje sin alterar la tranquilidad del lugar.
Álava se mira de muchas formas, pero desde sus miradores se comprende con otra profundidad. Hay paisajes que no piden prisa, solo una pausa.










